Los dos únicos encuentros de Escultura en la Calle celebrados en Tenerife en 1973 y en 1994 plantearon cuestiones distintas y sin embargo consecutivas. En el primero parecía planear la idea de la escultura como una disciplina capaz de resignificar el espacio público. El segundo encuentro, sin embargo, giró en torno a las ideas nacidas de un simposio celebrado a tal efecto, y en el que se cuestionaba si el espacio público necesitaba, ya por aquel entonces, más escultura.
En 2023 cuando nuestras relaciones públicas e íntimas parecen estar casi sublimadas al campo de lo virtual y cuando la esfera de lo público es cada vez más cuestionada, debemos preguntarnos en qué modo la escultura puede ser un reflejo de la disolución de todo lo que hasta ahora dábamos por sentado.