En las calles de Valiente, el tiempo no curó las heridas; solo las afiló. De mejores amigos a los peores enemigos. De llamarse por sus nombres de pila a escupirse los apellidos con desprecio (Víbora/Lobo).
De un amor que parecía eterno a un odio profundo. Adrián Villalobos vive bajo una certeza absoluta: es imposible que sea el padre de Marco. Sus recuerdos son claros y está convencido de que nunca llegó a compartir esa intimidad con la mujer que lo rehúye. Vane siempre ha sido una mujer de armas tomar, capaz de proteger su independencia a toda costa y de custodiar su mayor secreto: su hijo. El regreso de Adrián a Valiente reabre viejas heridas y rencores. Pero cuando lo que parecía un robo común contra Vane resulta ser la primera advertencia de un enemigo invisible que busca enterrar el pasado, ella no tiene más remedio que pedir ayuda al hombre al que juró no volver a recurrir jamás.
Adrián pasará de tío a padre, lidiando con el rencor de los años robados.
Y no estarán solos: deberán hacerlo bajo el mismo techo que una familia tan unida como entrometida, que no entiende de privacidad,