Monte Grande, el tercer libro de la poeta chilena Natalí Aranda Andrades (Santiago 1987) comienza precisamente cuando la voluntad de poseer deja de actuar. La escritura parece entrar en un territorio donde ya no se trata de encontrar una respuesta, sino de disponerse a recibir aquello que llega: una imagen, un cuerpo, una sombra, el temblor del agua, una respiración que por un instante parece pertenecer a todas las cosas.