Según las mismas autoridades municipales, a principios del siglo XVII, gran parte de la población de Sanlúcar de Barrameda era gente de paso, extranjeros, tratantes y navegantes a Indias.
En gran manera, esto se debía a la presencia en la ciudad de tres importantes colonias de mercaderes foráneos: la de los bretones, la de los flamencos y la de los ingleses, sin olvidar a los tartaneros, marineros que procedían de Marsella. Todo ello contribuyó a crear una sociedad cosmopolita, abigarrada y bulliciosa, de la que incluso se hizo eco Cervantes en la primera parte del Quijote, cuando citaba la playa de Sanlúcar como uno de los parajes más célebres de la picaresca de la España del Siglo de Oro. Su huella ha quedado impresa en nombres de calles como Bretones, Tartaneros o Benegil, el cónsul inglés