En La última esquina, el autor enumera situaciones límites, momentos decisivos y trascendentes de la vida. Transita por un sendero de belleza en el que, después de cierto recodo, solo queda la relación con el silencio y la palabra divina.
Entre las calles del mundo y del cielo, contempla la relación entre la vida y la muerte, que juegan con tragedias y alegrías, con sombras y luces, para instar a las almas al encuentro o la distancia. Solo con el hallazgo de la belleza el alma reconoce su salvación, sus oportunidades para alcanzar la luz de la conciencia. Estos bellos poemas traen la gran voz de un poeta que ha transitado por esa esquina luminosa, que clarea los sentidos.