Más que un poemario, se trata de un exorcismo literario o un manual de instrucciones para la resurrección emocional. La sangre inquieta plantea una anatomía del trauma que queda tras una guerra y una dictadura, donde la conciencia se convierte en un campo de batalla.
Cada poema trata de dar voz a los y las protagonistas de ese periplo para que la memoria esté más viva que nunca y se interponga a la hora de cometer, de nuevo, los mismos errores.
Hay terror y sufrimiento en La sangre inquieta, pero esa arquitectura del dolor también abre paso a la lucidez de la conciencia y a los caminos que todavía están por recorrerse.