En muchas ocasiones, la herramienta más eficaz del policía no se encuentra en sus medios coercitivos, sino en su propia capacidad para comprender, comunicarse, controlar sus respuestas y adaptar su actuación a la evolución del conflicto.
El autor propone una mirada diferente sobre la actuación policial, situando a la persona que interviene en el centro del proceso. A partir del conocimiento de la personalidad, la actitud y las funciones ejecutivas y emocionales, el libro analiza cómo influyen nuestros procesos cognitivos y emocionales en la toma de decisiones y en la forma de afrontar situaciones de tensión.
La comunicación ocupa un lugar esencial. El lenguaje verbal y no verbal, la escucha activa, la interpretación contextual de las señales, la asertividad, la gestión de las emociones y las habilidades sociales se presentan como recursos que pueden favorecer intervenciones más eficaces y reducir la escalada conflictual.
La obra avanza posteriormente hacia las técnicas de negociación, conciliación y mediación, planteando que intervenir no significa necesariamente imponer una solución, si