Programado el partido de Euskadi-Palestina contra el «genocidio» al final de la guerra de Gaza, cuando su celebración, ya se había firmado la paz. Algo que no se entendió relevante, por cuanto San Mamés llenó todo su aforo (53.000). La denuncia resultó un furioso clamor, y las con signas contra Israel y judíos, se multiplicaron. Un partido del Athletic club femenino llenó también San Mamés, la conquista de la copa de 2025 del masculino, supuso el desbordamiento de un millón de personas, y el partido Euskadi-Palestina también disparó la asistencia. En todos los casos el acto de afirmación identitaria, su exhibición, las unanimidades solapaban el lance deportivo. Lo que empezó con mucha furia contra el «genocidio», acabó opacado por la reivindicación de la Euskal Selekzioa, y la dimensión internacionalista embarrancó en las playas vascas