El territorio de la Hispania romana sufrió dos invasiones, la de los pueblos bárbaros visigodos y la de los árabes. Los visigodos accedieron a la península empujados por otras tribus procedentes de territorios situados más al norte y al este, como consecuencia de la hambruna de aquellos años. No aportaron nada a la cultura y a la organización social de la que disfrutaba Hispania. El símbolo de Odín, que era el de dos cuervos que portaba en sus hombros, recordaba que ese pájaro de mal agüero picaba los ojos a los moribundos en los campos de batalla y los nobles practicaban la costumbre de sacarle los ojos a los vivos que pretendieran acceder al trono. En el transcurso de los años consiguieron hacerse con un importante tesoro procedente de los saqueos de las ciudades romanas. La invasión de los árabes de 711 fue estimulada por la expansión del islam y por el conocimiento del tesoro visigodo concentrado en la ciudad de Toledo, que fue expoliado para el enriquecimiento del califato de Damasco. La traición, la ambición, la codicia y la lujuria que envuelven a las riquezas constituyen el origen del mal y el brazo