Una bandada de cigüeñas vuela inquieta sobre el cementerio del pueblo canario de Comago. Carlos Fernández espera nervioso a Clara para que lo lleve hasta el nicho de su tatarabuela María y decidan el destino final de sus restos. Ha llegado desde Madrid, huyendo de la desesperación provocada por su reciente divorcio de su queridísima Kira. Lo que ignora son las puertas que se le van a abrir en las islas y que le van a alterar su existencia. Como la atracción que siente por Clara Villalta, que poco a poco ocupa un lugar importante en un corazón que él cree ha sido injustamente dañado. También la combinación de curiosos personajes que atraviesan su vida sin la más mínima compasión: Ami, el extraño emigrante que acaba siendo indispensable, Adrien Chevalier y Gina, de los que ignora su procedencia o Tony Larraz, hombre feliz y capaz que se le presenta en todas las situaciones y que generosamente le ofrece la tentación de Irene. Por último, Agustín, su desconocido primo lejano, le facilitará un trabajo atractivo con el que pueda plantearse el arraigo en la localidad isleña.