Es razonablemente posible volver a recorrer las calles de una juventud. Quizás solo se necesitan las palabras adecuadas y tener algunas esquinas del corazón bien ubicadas.
Este libro es un regreso y un paseo por la memoria donde al leer se vuelve atrás muy despacio. Donde vuelven los veranos interminables, aquellos lugares intactos y las voces que se fueron.
Un ciclo lunar de un mes de abril que abarca el paso de la nostalgia a la celebración, de la identidad al desarraigo, donde siempre aparecen los sueños coloridos de los muchachos y la belleza discreta de lo vivido.