Victoria Milescu nos entrega en Calles sin dioptrías una cartografía emocional donde la realidad se observa sin filtros, pero con la profundidad de quien sabe que el mundo es un escenario cargado de belleza y tragedia. En este volumen, el tiempo no solo pasa, sino que «hurga» en la identidad, y la poesía se convierte en una acompañante fiel que camina por ciudades de hormigón y parques susurrantes.
A través de versos que oscilan entre el surrealismo cotidiano y la urgencia existencial, la autora construye un puente entre lo íntimo y lo universal. Es una obra de madurez donde el lirismo puro se enfrenta a la finitud, el amor y la memoria, demostrando que, como decía Goethe, «nada vale más que el día de hoy».