Miguel Domínguez, teniente del Grupo de Homicidios de la Guardia Civil, después de solicitar su baja en el instituto armado en el año 1942, regresa a Burgos para contraer matrimonio e iniciar su actividad profesional como investigador privado. La posguerra, durante el primer franquismo, presenta su cara más represiva, más cruel: cárcel, fusilamientos, hambre, enfermedad y miseria marcan la vida de la gran mayoría de los españoles. No había para ellos ningún «paso alegre de la paz», como cantaban los falangistas en su Cara al sol; más bien un paso triste, pesado y aniquilador. El detective Domínguez se enfrenta a un caso que, envuelto en una de las muchas incautaciones -legales o no- que tuvieron lugar en la España de la guerra del 36 y la inmediata posguerra, encierra un pingüe negocio para algunos políticos, sindicalistas desalmados, delincuentes de guante blanco y numerosas redes ilegales de compraventa de obras y objetos de arte.