Al Alcázar del Genil lo gobiernan los gatos (Talón de Aquiles, 2025) es una afirmación cierta, sobredorada por las mañanas al norte del Zaidín.
Muchos libros, casi todos, pretenden transportar a quienes los tomen en sus manos a lugares más o menos lejanos; este mueve a Granada, a sus barrios, jardines, calles abarrotadas de naranjas, incienso unos días, otros pan, vino y flores, a su olor de arrayanes, tierra roja, tormenta, y a los pensamientos propios y ajenos que la recorren.
Las composiciones aquí recogidas son, en definitiva, un año entero inmerso en la ciudad nazarí y un canto ?al mismo tiempo? al pequeño alcázar de Saïd, que sobrevivió, aunque muy erosionado, a la voracidad de los siglos y al auge inmobiliario desmesurado.
Hoy, este es un valioso refugio para felinos, lectores de Lorca y Francisco Ayala, amantes, canes y poetas; un refugio para todo aquel que desea, en su espíritu, un espacio breve de sosiego al sol.
Y de esto, en pocas palabras, trata el Alcázar del Genil.