En tiempos como el nuestro, ayuno de auténticos valores espirituales y de referentes trascendentes y sólidos, de enajenación consumista y productivista e incitaciones constantes al vértigo vital más irresponsable y a los más frívolos hedonismos, generadores de insatisfacción, ansiedad y angustia, y en momentos en los que campan por doquier, el vacío existencial más devastador y el nihilismo más de solador y desesperanzado, nada más necesario que mostrar a nuestros jóvenes modelos de vida y pensamiento que les ofrezcan pautas, valores y motivos para orientar su vida desde la ilusión, la alegría y la esperanza. En un boom de espiritualidad y de atención a la vida contemplativa y meditativa como el actual representado por fenómenos artístico-musicales y cinematográficos como la reciente publicación del Álbum LUX de Rosalía o el éxito de filmes como Los domingos de la directora Alauda Ruiz de Azúa -que ha conseguido cinco de los 13 premios Goya de este año-, así como por el éxito y la actualidad de filósofas y pensadores tan sugerentes y ejemplares como la francesa Simone Weil, la germana Dorothee Söle, la españ