Recién conquistado el último territorio islámico en Hispania, el ejercicio moderado del poder político-militar por don Íñigo López de Mendoza y la tolerante pastoral de fray Hernando de Talavera en asuntos religiosos permite a los nazaríes durante un tiempo vivir su cultura tradicional. Sin embargo, la venida de Cisneros a Granada, partidario de una catequética menos transigente, acaba con la convivencia pacífica entre vencedores y vencidos. La respuesta de la población nazarí no se hace esperar. Algunos marchan a Las Alpujarras y optan por la resistencia armada; otros, abandonando la tierra donde nacieron, buscan en el exilio un futuro mejor allende el antiguo sultanato. La segunda de las opciones es la elegida por los protagonistas de esta narración: Abbas y Faysal, hijos del arruinado comerciante Zuhayr, ya conversos y recomendados por fray Hernando ante el conde de Oropesa, deciden exiliarse a tierras de Castilla. Por el contrario, Hasan y Namir, sin abjurar de su fe, emprenden el destierro al sultanato de Fez. Allí comienzan una vida ilusionante para ellos. No obstante, circunstancias no esperadas ocurr