distribuciones.es/imagenes/9791388/979138853220.GIF Mario, sentado en el camión al lado de su padre, va con la mirada fija al frente, aparentando estar contando todos los vehículos que vienen. Sin embargo, -disimuladamente- hace un pequeño giro con la cabeza hacia la derecha, cada vez que viene un cartel informativo, indicando el número de kilómetros que faltan para llegar a Madrid. Lleva una ilusión enorme por llegar cuanto antes a la capital. Una mezcolanza de pensamientos se agolpa en su mente: las mujeres -despidiéndole- en la puerta del cuartel, los amigos que ha dejado allí, y que no sabe que ya no los volverá a ver; el cuartel, los patios; el patio de cemento, el patio de atrás, etc. Pero -cerrando los ojos- se ilusiona con lo que le va a deparar el futuro en el nuevo destino, y sueña con nuevos amigos, un trabajo, un piso para vivir, un barrio nuevo que conocer, etc. Lo que no sabe, y ni siquiera se lo imagina, es que en ese nuevo mundo se esconde una ?medicina?, que ?sana?, pero también ?destruye?. No se da cuenta que ya están en la provincia de Toledo, y tampoco que están abandonando Castilla La Mancha, y cuando ve el cartel indicador de la Comunida