Día nublado de setiembre, playa de san Juan, Alicante, con Charo Martín Zúñiga y Juan Ramón Torregrosa, en su casa. Terminado el desayuno, Juan Ramón le pregunta por Rilke al tiempo que le entrega un libro bilingüe con lo mejor del poeta, Antonio lo hojea des paciosamente mientras comenta que la primera vez que supo de Rilke fue a sus once o doce años, por Ceres, una revista agropecuaria de Valladolid, edita da por un hermano del poeta Fernando Allué, amigo de Jorge Guillén. Carvajal le muestra páginas con las Elegías de Duino. «Mira de dónde sale gran parte del versículo español desde la posguerra. No digo verso libre, que el bueno sale de Aleixandre». Y, de pronto, «¡vaya hallazgo!, traducen seine letzte Gebhurt por nacimiento último, el título de un libro de Aleixandre. Sea coincidencia conceptual y expresiva, o sea intencionado, porque Aleixandre hablaba alemán y leía los poemas de Rilke, la expresión no puede ser más bella ni más acorde con la poesía de ambos poetas. Esto es hallazgo por azar, no erudición, y ocurre porque leemos y tenemos memoria».