Durante siglos, la humanidad ha organizado su vida espiritual en torno a textos que se proclaman palabra de Dios o revelación divina. Después de tantos siglos, seguimos con el espíritu anclado en moralidades caducas, seguimos teniendo guerras, seguimos matando a nuestros semejantes, seguimos codiciando sus bienes, seguimos sin salir a flote de nuestros naufragios morales. Seguimos creyendo que Dios nos ha puesto en el grupo correcto y que los malos son los otros. Este libro examina el Corán con espíritu libre y sin sujeción a dogmas y preguntándose, cada vez que aparece un privilegio o una amenaza, «cui prodest» (a quién beneficia). Lo que encuentra es un libro extraordinario y contradictorio a la vez. Extraordinario porque contiene pasajes de genuina belleza moral. Contradictorio porque esas llamadas conviven con centenares de aleyas que ordenan matar a los incrédulos, que declaran a la mujer inferior al hombre ante la ley, que condenan al fuego eterno a quienes no pudieron creer porque el propio Alá se lo impidió. Desgraciadamente, para los libros santos que afirman no contener un solo error, las ciencias