distribuciones.es/imagenes/9791388/979138822642.GIF A pesar de que los cambios sociales han desgastado en buena parte los estereotipos de género, la belleza se resiste a dejar de ser el atributo por excelencia de la feminidad y permanece como una constante no siempre consciente en nuestra cultura, desde los productos más elevados de la misma hasta los más cotidianos.
Partiendo de un análisis de los estereotipos de feminidad y masculinidad, se busca una explicación no esencialista de esos conceptos, que carecen de base biológica y son producto de una sociedad que proyecta sobre ellos algunas de sus características, entre ellas, la jerarquización en clases. El análisis se basa en tres manifestaciones culturales, la literatura, las artes plásticas, incluidas fotografía y cine, y el atuendo, tratando de mostrar cómo todas ellas se han dedicado a focalizar la atención en el cuerpo femenino, constituido en objeto estético-erótico de mirada, como una maniobra de distracción para difuminar así los otros aspectos del ser humano, al contrario de lo que sucede con el cuerpo masculino. Ello se refleja especialmente en la utilización del desnudo y la transformación ab