En La IA y yo, María Llanos parte de la pregunta más ruidosa de nuestro tiempo -qué entendemos por inteligencia- para volver la mirada hacia formas de saber menos visibles: la memoria de una familia, la vida secreta de los lugares, el comportamiento de los pájaros, la obstinación de los árboles, los restos de un país que todavía no ha terminado de mirar su pasado.
A través de Fortunata, nacida en la posguerra, y de Fulgores, un enclave marcado por un palacete concebido como refugio y reducido después a ruina, el libro avanza entre la crónica íntima, la indagación histórica y la observación natural. Frente a la velocidad de las máquinas, María Llanos reivindica otra inteligencia: la que escucha, recuerda, cuida y aprende a leer lo que permanece.