Hay libros que se leen y hay libros que se viven.
Infinitivo Morir pertenece a los segundos. Una obra inclasificable que rompe la linealidad para sumergir al lector en una experiencia fragmentaria, intensa y profundamente poética.
A través de una prosa cargada de imágenes, el texto explora el vínculo entre lo sagrado y la muerte, entre la certeza y la duda, entre la unidad y sus múltiples fracturas. Cada fragmento avanza y retrocede, como una conciencia en conflicto que se interroga a sí misma. Sus relatos juegan con las palabras convertidas en imágenes de rotunda y pura poesía.
Con un tono visionario y una voz que roza lo profético, este libro no busca respuestas fáciles, sino abrir conciencias. En ellas aparece lo esencial: el ser enfrentado a su propio límite.
Una propuesta literaria exigente, excesiva y necesaria.