Bajo el silencio oscuro y calmo del mar duerme una parte esencial de la historia de Huelva. Durante más de tres mil años, sus costas han sido lugar de paso, frontera, refugio y también tumba de mujeres y hombres. Por ellas navegaron guerreros y comerciantes atraídos por sus metales, naves cargadas de cerámicas y alimentos, piratas y corsarios, galeones llenos del oro y la plata de las Américas, cargueros mineros, buques de guerra... Muchos de ellos, la mayoría, llegaron a su destino. Cargaron, descargaron y se fueron, pero otros se quedaron atrapados aquí para siempre. Embarrancaron en bancos de arena, sucumbieron a los grandes temporales del otoño, fueron abordados por piratas o acabaron hundidos a cañonazos por el enemigo. Sus restos, sus historias, forman hoy un inmenso legado sumergido que se extiende desde Doñana hasta Ayamonte