Esta novela, querido lector, es la más personal que he escrito: un homenaje a mi padre.
Reflejo su infancia y adolescencia, principalmente. Los personajes son casi todos reales, pasados por el tapiz de la ficción; yo sólo he ejercido de copista atento, esbozando las escenas que me narró mi padre.
Entre sus amistades, destacamos los compañeros de colegio, los del trabajo, los miembros de su familia; y, entre todos ellos, la figura de Federico García Lorca.
La novela, formada por cuadros o lienzos, dibujados con delicadas pinceladas, perfila a los personajes y recrea escenas costumbristas de la Granada de los años treinta del pasado siglo.