Desde la Paz de Westfalia, la humanidad persigue construir un orden internacional que contenga la guerra. Este libro examina la tensión entre dos fuerzas: el derecho internacional público, con su promesa de estabilidad y paz, y la geopolítica descarnada, donde el Estado se expande para sobrevivir anteponiéndose a cualquier marco jurídico. Entre ambas actúa la hipocresía: invocar principios internacionales mientras se vacían de contenido. ¿Puede el derecho contener la ambición estatal cuando quiénes deben respetarlo son los primeros en socavarlo? Una obra esencial para comprender que defender el orden jurídico internacional no es idealismo, sino la única barrera contra el caos.