El Ratón Pérez visita a Óscar, que ha dejado un diente blanco bajo la almohada. Está perfecto, señal de que lo ha estado cepillando bien, y la habitación está recogida, lo que demuestra que se está haciendo mayor; así que le premia con cariño.
En cambio, los juguetes de su hermano pequeño, Bruno, están desordenados y algunos incluso olvidados. Pérez los coge para arreglarlos y darles una segunda vida, explicándoselo con ternura para que, cuando crezca, también pueda premiarle por su generosidad al dejarlos ir.