El poeta brilla en la esquirla. Un marinero ciego lee con sus dedos tu cuerpo, deletrea tus huesos, tus insomnios. El poeta transcribe el tacto de la arena, la sal, lo que callan las algas, el punto donde acaso el ave fuera espuma. Igual que el fuego en dos mitades, el poeta corta la noche en dos, y permanece en su fragilidad: busca la tuya. No es complicado dejarse encontrar.