Desde la puerta de su habitación y absorta en unos pensamientos donde abunda el miedo, ella observa a Boni. Viéndose reflejada, no puede evitar una ligera sonrisa mezcla de ternura y preocupación, aunque ahora el único peligro que corre es que le atrape ese orgulloso artesano. La mujer se da la vuelta despacio, ajusta su mandil con la solemnidad de un ritual y, suspirando, desaparece por el pasillo - «¡La guerra del zapatero y de mi pequeño no es la que más me preocupa!» ¡Acaba de estallar la guerra civil en España!