Muchas personas aprietan los dientes durante años. Usan férulas, desgastan piezas, rompen empastes y se levantan con dolor mandibular, presión en la cabeza, molestias detrás del ojo, tensión cervical o sensación de mareo. En muchos casos el bruxismo nace en la boca. Pero cuando los dientes ya están tratados y el paciente sigue apretando, la pregunta cambia: ¿Dónde se ha alojado ese patrón? Apretar los dientes para no caerse parte de una observación clínica: el bruxismo puede nacer en los dientes, pero acabar instalado funcionalmente en la columna cervical, especialmente cuando se asocia a cefalea, vértigo, dolor ocular y dificultad para girar el cuello. A partir del análisis de 833 pacientes tratados por cefalea tensional crónica cervicogénica mediante grapas metaméricas, el Dr. Francisco Cózar Granja y la Dra. Gara Cózar Adelantado proponen una visión novedosa: el cuello no es solo una estructura mecánica, sino un órgano sensorial que participa en la postura, el equilibrio y la estabilidad del cuerpo. Cuando el patrón de apretamiento queda fijado en el sistema cervical, no basta con proteger los dientes. Ha