El poemario ?Alas de guerra?, en verso libre y con dardos al corazón, sobrevuela, unas veces con nombre propio y otras anónimamente, el sentir de las almas que luchan, intenta sobrevivir, huyen, emigran o sucumben ante las bombas, los machetes, los fusiles y ante la peor arma de todas: la indiferencia de la humanidad.
Vivimos tiempos donde los derechos humanos han perdido su valor, donde la justicia internacional no solo no se cumple, sino que se desafía; donde la impunidad con la que actúan los estados les permite cometer crímenes de guerra y de lesa humanidad.
Estados Unidos e Israel han demostrado, una vez más, su indecencia, su egocentrismo, su soberbia y su posición de poder, siendo el genocidio en Palestina la máxima expresión del neosionismo. Y la triste realidad es que, en muchos lugares del mundo, continúan los enfrentamientos armados: Sudán, Yemen, Ucrania, Etiopia, Irán, Líbano, Siria... Guerras, invasiones, ocupaciones, apartheid y genocidios; diariamente se asesinan civiles inocentes ante la negligencia de la comunidad internacional.
Nadie gana, no hay vencedores en la sang