El jurado destaca la extraordinaria originalidad de la propuesta, capaz de convertir el lenguaje administrativo, técnico y pericial en una herramienta de alta intensidad poética. Asimismo, valora la solidez arquitectónica del libro, concebido como un expediente de inspección y cierre que articula, con notable coherencia interna, una profunda reflexión sobre la memoria familiar, la herencia afectiva, el duelo y la desaparición de los espacios que configuran nuestra identidad. Se subraya igualmente la madurez expresiva de una voz poética singular, capaz de equilibrar contención y lirismo, así como de elevar los objetos cotidianos a la categoría de símbolos universales. El jurado considera que la obra trasciende la experiencia íntima para alcanzar una dimensión colectiva y humana, constituyéndose como un libro de gran ambición formal, hondura reflexiva y perdurable calidad literaria.